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13.2.08

La capacidad de lectura no es innata y ha requerido una readaptación neuronal



La capacidad de lectura no es innata y ha requerido una readaptación neuronal


Retina y cerebro se combinan para procesar el significado de las palabras.
La lectura es una capacidad humana aprendida, no innata, que requiere de un trabajo conjunto de retina y cerebro para la captación de las imágenes y el posterior procesamiento del significado de las palabras.


Un libro reciente publicado por el científico francés Stanislas Dehaene, titulado “Les neurones de la lectura”, expone claramente en que consiste el complejo proceso subyacente a esta actividad aparentemente banal. Según Dehaene, el cerebro no se ha adaptado a las exigencias del lenguaje escrito para comprenderlo sino que, más bien, ha sido la escritura la que se ha adaptado a nuestras capacidades cerebrales.

La lectura no es una capacidad innata en el ser humano sino que requiere de un aprendizaje que necesita tiempo y paciencia. Además es una capacidad que ha precisado de un “reciclaje neuronal” a lo largo de los siglos, y que nuestro cerebro y nuestro sistema visual se adapten para reconocer la escritura.


Esta idea es la que defiende Stanilas Dehaene, un profesor de psicología cognitiva experimental del Collége de France y director del laboratorio UNICOG, considerado el pionero de la investigación de las bases cerebrales de las operaciones matemáticas (es autor del libro La Bosse des Maths).


Recientemente, Dehaene ha publicado además una obra titulada "Les neurones de la lecture".


Las investigaciones de Dehaene han incrementado los conocimientos sobre los procesos cerebrales que subyacen al procesamiento de los números y del habla.

Utilizando técnicas de exploración por imágenes, ha observado lo que sucede en distintas partes del cerebro mientras soluciona problemas cognitivos complejos. Estas técnicas demostraron en una investigación anterior que las cifras aproximadas se procesan en una región cerebral distinta a la utilizada para los cálculos de cifras exactas.


En La Bosse des Maths, Dehaene demostró además que los niños poseen un conocimiento intuitivo de los números, lo que no ocurre en el caso de la lectura.

El ser humano no está “predestinado” a leer, dice Dehaene comentando su nueva investigación. Y es que la escritura fue creada por los babilonios hace tan sólo 5.400 años y el alfabeto apareció hace 3.800. Es poco tiempo en comparación con la historia de la evolución y la aparición del homo sapiens, hace 30.000 años.


Cómo leemos


El cerebro humano posee un patrimonio genético predefinido y es flexible o elástico sólo en cierta medida, según han demostrado los experimentos de Dehaene con imágenes de resonancia magnética funcional para el registro de la actividad cerebral.


El cerebro no ha tenido tiempo suficiente para evolucionar bajo la presión de las exigencias de la escritura, sino que ha sido la escritura la que ha evolucionado en función de las exigencias del cerebro, asegura el autor. El cerebro trata la escritura y descifra sus mensajes para darles sentido gracias al trabajo conjunto de la retina del ojo y el cerebro. En primer lugar, un área central de la retina, denominada fóvea, recibe la información visual. La fóvea sólo capta un campo visual de 15 grados.


Al ser muy estrecha, la del ojo humano tiene un diámetro aproximado de 0,5 milímetros, no somos capaces de reconocer más que entre siete y nueve letras a la vez. Cada porción de imagen es reconocida por un fotorreceptor distinto. Por otro lado, y a pesar de que no somos conscientes de esto, leemos en sacadas, que son movimientos rápidos del ojo con los que detectamos las partes relevantes de cualquier escena, lo que nos permite construir un mapa mental referente a ella.


En el ojo humano, una razón para la existencia de las sacadas es que sólo la fóvea tiene una alta concentración de células fotorreceptoras sensibles al color, las llamadas conos. El resto de la retina está tapizado básicamente por bastoncillos, que son células fotosensibles monocromáticas, especialmente buenas en la detección del movimiento. Por esto, la fóvea es la parte de la retina encargada de la visión en alta resolución. En cuanto al tamaño de los caracteres de la lectura, señala Dehaene, el cerebro adapta a este tamaño la distancia percibida por el ojo.

Límite de velocidad y dislexia


La lectura es, en definitiva, una sucesión de comprensiones del texto, que es aprehendido casi palabra por palabra. Por más que mejoremos nuestra capacidad de leer rápido, nunca podremos superar cierto ritmo sin perder información o palabras. Como media, los buenos lectores leen entre 400 y 500 palabras por minuto, pero la fóvea difícilmente permitirá que este límite se exceda, informa Canal Académie.


La imaginería de resonancia magnética funcional del cerebro ha demostrado que en el aprendizaje de la lectura juega un importante papel la región del lóbulo occipito-temporal izquierdo, situado hacia la parte trasera de la cabeza, detrás de la oreja izquierda. Todas las personas estudiadas por Dehaene mostraron una activación en esta misma región cerebral durante la lectura, incluso en el caso de aquellas que leían en árabe o hebreo (idiomas que se leen de derecha a izquierda).


Entre los problemas relacionados con la lectura destaca el de la dislexia, un trastorno que imposibilita para leer correctamente. A la dislexia dedica Dehaene un capítulo entero en Les neurones de la lecture, definiéndola como “una dificultad desproporcionada de aprendizaje de la lectura que no puede explicarse ni por un retraso mental, ni por un déficit señorial ni por un entorno social o familiar favorecido”.


La dislexia puede ser originada por una desorganización anatómica del lóbulo temporal y por una alteración de sus conexiones.


Complejidad cerebral


La revista Automates Intelligentes publica que Les neurones de la lecture es una obra que se enmarca en un vasto trabajo de exploración de las bases neuronales de las actividades culturales del espíritu humano llevado a cabo por Stanilsas Dehaene.


El libro comprende un gran número de investigaciones de laboratorio consagradas al estudio de la lectura en todas sus formas. Asimismo, muestra con gran lujo de detalles e ilustraciones la enorme complejidad de los procesos cerebrales subyacentes a una actividad aparentemente sencilla como es leer, procesos que nos permiten darle sentido a las imágenes que recoge la retina.

La obra analiza cómo el cerebro del lector, con una velocidad sorprendente, puede pasar de la identificación visual de las letras (grafemas) a los sonidos asociados a éstas (fonemas) y a su significación.

Por otro lado, estudia las similitudes que presentan las diversas formas de escritura –contemporáneas o antiguas- mostrando que éstas poseen funcionalidades neuronales idénticas. Dehaene escribe en la introducción de su libro que en los últimos 20 años ha nacido una verdadera ciencia de la lectura, situada en la frontera entre la psicología y la medicina.

Según él, la neurociencia debe ahora tomar una nueva dirección: la cuestión del inconsciente.

19.6.07

Los flavonoides protegen la función cerebral


Los flavonoides protegen la función cerebral.


NUEVA YORK - Las personas que consumen gran cantidad de flavonoides se estarían protegiendo de la pérdida de función cerebral que se produce durante el envejecimiento, sugirió un nuevo estudio efectuado en Francia.


Los flavonoides son poderosos antioxidantes presentes en alimentos derivados de plantas, como el vino tinto y el té, o las zanahorias.


Entre 1.640 hombres y mujeres sanos de 65 años o más, el equipo dirigido por el doctor Luc Letenneur, de INSERM en Bordeaux, halló que aquellos con el mayor consumo de flavonoides registraron una reducción más lenta de la función cerebral, durante un período de 10 años, que los participantes con el consumo más bajo de esos antioxidantes.


Esos participantes también mostraron un mejor rendimiento en las pruebas de función mental al inicio del estudio.
Según el equipo, es posible que el alto consumo de flavonoides sea indicador de un patrón alimentario protector del cerebro, ya que las personas que ingieren gran cantidad de flavonoides también comen más frutas y verduras.
Independientemente, "para mantenerse sanos es mejor comer alimentos variados, aumentar el consumo de frutas y verduras (aportan muchos nutrientes importantes, como vitaminas, fibras y antioxidantes), que consumir suplementos vitamínicos", dijo Letenneur.


Llevar ese estilo de alimentación reduce el riesgo de tener enfermedad cardíaca y cáncer, como así también disminuye el deterioro de la capacidad mental, agregó.
"Estamos lejos de conocer cuáles son las moléculas protectoras, pero ya sabemos que las personas que consumen frutas y verduras tienen menos riesgo de desarrollar esas enfermedades", dijo Letenneur.


El daño oxidativo está presente en el Alzheimer y el deterioro cognitivo, aunque estudios sobre el consumo de vitaminas antioxidantes y el riesgo de demencia obtuvieron resultados mixtos, señaló el equipo en American Journal of Epidemiology.


Para conocer si los flavonoides influyen en la función cognitiva, los investigadores estudiaron a 1.640 adultos mayores sin demencia durante 10 años, quienes al inicio del estudio aportaron datos sobre su alimentación.
Los hombres y las mujeres que ingerían la mayor cantidad de flavonoides tuvieron un rendimiento significativamente superior al inicio del estudio, aún después de que los autores tuvieran en cuenta la influencia del sexo, el nivel educativo y la edad.
Aquellos en la mitad superior del ranking de consumo de flavonoides mostraron una mayor evolución cognitiva en el tiempo.


Por ejemplo, después de 10 años, los participantes ubicados en el cuarto inferior del ranking de consumo de flavonoides perdieron 2,1 puntos en la prueba de función cognitiva (Mini Examen del Estado Mental) contra 1,2 puntos entre los integrantes del cuarto superior del ranking.
Esa asociación permaneció tras considerar otros factores, como el consumo de frutas y verduras, la cantidad de calorías ingeridas y el tabaquismo.



FUENTE: American Journal of Epidemiology, 15 de junio del 2007