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27.2.08

La capacidad musical se desarrolla con la experiencia y no es genética


La capacidad musical se desarrolla con la experiencia y no es genética

El cerebro distingue mejor los matices de un instrumento si está familiarizado con él
Una investigación realizada por la Universidad de Arkansas en Estados Unidos ha puesto de manifiesto que el oído musical se desarrolla con la experiencia, la práctica y la formación, por lo que no puede establecerse que sea una herencia genética. La investigación comprobó que el cerebro humano distingue mejor los matices y las características de la música de un instrumento determinado, si el que escucha está familiarizado con dicho instrumento. La genética no tiene nada que ver con esta habilidad, que se desarrolla con la experiencia. Los resultados de esta investigación contrastan con otro estudio anterior que había demostrado que el cerebro de personas no expertas en música es capaz de identificar los procesos musicales más básicos, es decir, que existe cierto innatismo musical en el ser humano.

El oído musical se desarrolla con la experiencia, la práctica y la formación, es decir, que no es una herencia genética, señala un estudio reciente realizado por la investigadora especialista en procesos de conocimiento musical, Elizabeth Margulis, de la Universidad de Arkansas, en Estados Unidos. Margulis, en colaboración con Patrick C.M. Wong, de la Northwestern University, realizó exploraciones de resonancia magnética de los cerebros de un grupo de participantes mientras éstos escuchaban música, con el fin de examinar las respuestas neuronales a dicha música, informa la Universidad de Arkansas en un comunicado.

Según publica la revista especializada Human Brain Mapping dos grupos de expertos, uno de violinistas y otro de flautistas, escucharon extractos musicales de partituras de Bach interpretadas con flauta o violín mientras eran medidas sus respuestas cerebrales hemodinámicas con imágenes de resonancia magnética.

Neurofisiología variable

El diseño experimental de los investigadores permitió el estudio de la neurofisiología de los participantes tanto cuando éstos escuchaban las partituras interpretadas con el instrumento que ellos mismos tocaban, como cuando dichas partituras eran interpretadas con el otro instrumento.

Se descubrió así que los músicos mostraban respuestas neurológicas más amplias y complejas cuando la música era interpretada por su propio instrumento que cuando ésta era interpretada con otros.
Estudios anteriores habían comparado las respuestas del cerebro de músicos con las de los cerebros de personas que no conocían la música, dejando abierta la posibilidad de la predisposición genética como explicación a las diferencias en dichas respuestas.

Según Margulis, contrastando dos subgrupos de intérpretes se ha demostrado que esta predisposición genética es menos probable que el hecho de que las habilidades se hayan desarrollado gracias al aprendizaje y el esfuerzo. Si la sensibilidad neuronal a la música estuviera relacionada con un talento musical innato, independientemente del instrumento que se toque, los escáneres cerebrales habrían registrado una activación de las redes neuronales similar ante cualquier tipo de música, publica NewScientist.
Pero, por el contrario, los músicos mostraron respuestas neuronales significativamente distintas dependiendo del instrumento que interpretara la partitura, y en relación con su propia preparación musical.

Enseñanza activa y neuroplasticidad

Así, cuando los violinistas escucharon la música del violín y los flautistas la de la flauta, se activaron en sus cerebros muchas más áreas, relacionadas con el sentido del yo, el control motor, y la supresión de movimientos no deseados. Según los autores de la investigación, se detectó una extensiva red cerebral implicada, relacionada con una sensibilidad aumentada a la sintaxis musical, al timbre, y a las interacciones sonido-motor cuando los músicos escuchaban el instrumento con el que estaban más familiarizados.

Tal y como explicó Margulis, los músicos mostraron una red específica de respuestas a la música que ellos mismos han experimentado. El hecho de que la experiencia concreta incluya la producción del sonido, y no sólo el escucharlo, y la necesidad de valorarlo, hace que los músicos estén más capacitados para evaluar la calidad de las interpretaciones de su propio instrumento.

Algunas de las actividades cerebrales sugieren además que los participantes en el experimento pueden detectar diferencias más sutiles cuando escuchan música interpretada con el instrumento en que ellos están especializados.
Por otro lado, el descubrimiento tendría implicaciones en la forma en que se enseña y se ejecuta la música. Según Margulis, para la enseñanza de la música la experiencia musical necesitaría ser quizá más activa y menos pasiva –no ser sólo escuchada-.

De esta forma, la música podría conectarse en el proceso de aprendizaje con otros dominios de actividad.

Habilidades básicas innatas

En definitiva, el estudio apunta a la experiencia musical como un mecanismo de plasticidad neuro-perceptual, que implicaría un afinamiento neuronal. Los resultados de esta investigación contrastan con los de otro estudio realizado el año pasado por especialistas estadounidenses y canadienses que señaló que los individuos no expertos en música sí tienen una capacidad innata de ditinguir ciertos procesos musicales, al menos los más básicos, como el comienzo y el fin de un episodio musical o las transiciones melódicas.

Asimismo, estos investigadores aseguran que cualquiera puede segmentar y desentrañar la información auditiva que recibe. La investigación definió con precisión las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de la música, como el lóbulo frontal, lo que llevó a los científicos a apuntar que la comprensión de la música, al igual que la del lenguaje, es innata en el ser humano. Los resultados de este estudio fueron publicados en agosto de 2007 por la revista especializada Neuron.

13.2.08

La capacidad de lectura no es innata y ha requerido una readaptación neuronal



La capacidad de lectura no es innata y ha requerido una readaptación neuronal


Retina y cerebro se combinan para procesar el significado de las palabras.
La lectura es una capacidad humana aprendida, no innata, que requiere de un trabajo conjunto de retina y cerebro para la captación de las imágenes y el posterior procesamiento del significado de las palabras.


Un libro reciente publicado por el científico francés Stanislas Dehaene, titulado “Les neurones de la lectura”, expone claramente en que consiste el complejo proceso subyacente a esta actividad aparentemente banal. Según Dehaene, el cerebro no se ha adaptado a las exigencias del lenguaje escrito para comprenderlo sino que, más bien, ha sido la escritura la que se ha adaptado a nuestras capacidades cerebrales.

La lectura no es una capacidad innata en el ser humano sino que requiere de un aprendizaje que necesita tiempo y paciencia. Además es una capacidad que ha precisado de un “reciclaje neuronal” a lo largo de los siglos, y que nuestro cerebro y nuestro sistema visual se adapten para reconocer la escritura.


Esta idea es la que defiende Stanilas Dehaene, un profesor de psicología cognitiva experimental del Collége de France y director del laboratorio UNICOG, considerado el pionero de la investigación de las bases cerebrales de las operaciones matemáticas (es autor del libro La Bosse des Maths).


Recientemente, Dehaene ha publicado además una obra titulada "Les neurones de la lecture".


Las investigaciones de Dehaene han incrementado los conocimientos sobre los procesos cerebrales que subyacen al procesamiento de los números y del habla.

Utilizando técnicas de exploración por imágenes, ha observado lo que sucede en distintas partes del cerebro mientras soluciona problemas cognitivos complejos. Estas técnicas demostraron en una investigación anterior que las cifras aproximadas se procesan en una región cerebral distinta a la utilizada para los cálculos de cifras exactas.


En La Bosse des Maths, Dehaene demostró además que los niños poseen un conocimiento intuitivo de los números, lo que no ocurre en el caso de la lectura.

El ser humano no está “predestinado” a leer, dice Dehaene comentando su nueva investigación. Y es que la escritura fue creada por los babilonios hace tan sólo 5.400 años y el alfabeto apareció hace 3.800. Es poco tiempo en comparación con la historia de la evolución y la aparición del homo sapiens, hace 30.000 años.


Cómo leemos


El cerebro humano posee un patrimonio genético predefinido y es flexible o elástico sólo en cierta medida, según han demostrado los experimentos de Dehaene con imágenes de resonancia magnética funcional para el registro de la actividad cerebral.


El cerebro no ha tenido tiempo suficiente para evolucionar bajo la presión de las exigencias de la escritura, sino que ha sido la escritura la que ha evolucionado en función de las exigencias del cerebro, asegura el autor. El cerebro trata la escritura y descifra sus mensajes para darles sentido gracias al trabajo conjunto de la retina del ojo y el cerebro. En primer lugar, un área central de la retina, denominada fóvea, recibe la información visual. La fóvea sólo capta un campo visual de 15 grados.


Al ser muy estrecha, la del ojo humano tiene un diámetro aproximado de 0,5 milímetros, no somos capaces de reconocer más que entre siete y nueve letras a la vez. Cada porción de imagen es reconocida por un fotorreceptor distinto. Por otro lado, y a pesar de que no somos conscientes de esto, leemos en sacadas, que son movimientos rápidos del ojo con los que detectamos las partes relevantes de cualquier escena, lo que nos permite construir un mapa mental referente a ella.


En el ojo humano, una razón para la existencia de las sacadas es que sólo la fóvea tiene una alta concentración de células fotorreceptoras sensibles al color, las llamadas conos. El resto de la retina está tapizado básicamente por bastoncillos, que son células fotosensibles monocromáticas, especialmente buenas en la detección del movimiento. Por esto, la fóvea es la parte de la retina encargada de la visión en alta resolución. En cuanto al tamaño de los caracteres de la lectura, señala Dehaene, el cerebro adapta a este tamaño la distancia percibida por el ojo.

Límite de velocidad y dislexia


La lectura es, en definitiva, una sucesión de comprensiones del texto, que es aprehendido casi palabra por palabra. Por más que mejoremos nuestra capacidad de leer rápido, nunca podremos superar cierto ritmo sin perder información o palabras. Como media, los buenos lectores leen entre 400 y 500 palabras por minuto, pero la fóvea difícilmente permitirá que este límite se exceda, informa Canal Académie.


La imaginería de resonancia magnética funcional del cerebro ha demostrado que en el aprendizaje de la lectura juega un importante papel la región del lóbulo occipito-temporal izquierdo, situado hacia la parte trasera de la cabeza, detrás de la oreja izquierda. Todas las personas estudiadas por Dehaene mostraron una activación en esta misma región cerebral durante la lectura, incluso en el caso de aquellas que leían en árabe o hebreo (idiomas que se leen de derecha a izquierda).


Entre los problemas relacionados con la lectura destaca el de la dislexia, un trastorno que imposibilita para leer correctamente. A la dislexia dedica Dehaene un capítulo entero en Les neurones de la lecture, definiéndola como “una dificultad desproporcionada de aprendizaje de la lectura que no puede explicarse ni por un retraso mental, ni por un déficit señorial ni por un entorno social o familiar favorecido”.


La dislexia puede ser originada por una desorganización anatómica del lóbulo temporal y por una alteración de sus conexiones.


Complejidad cerebral


La revista Automates Intelligentes publica que Les neurones de la lecture es una obra que se enmarca en un vasto trabajo de exploración de las bases neuronales de las actividades culturales del espíritu humano llevado a cabo por Stanilsas Dehaene.


El libro comprende un gran número de investigaciones de laboratorio consagradas al estudio de la lectura en todas sus formas. Asimismo, muestra con gran lujo de detalles e ilustraciones la enorme complejidad de los procesos cerebrales subyacentes a una actividad aparentemente sencilla como es leer, procesos que nos permiten darle sentido a las imágenes que recoge la retina.

La obra analiza cómo el cerebro del lector, con una velocidad sorprendente, puede pasar de la identificación visual de las letras (grafemas) a los sonidos asociados a éstas (fonemas) y a su significación.

Por otro lado, estudia las similitudes que presentan las diversas formas de escritura –contemporáneas o antiguas- mostrando que éstas poseen funcionalidades neuronales idénticas. Dehaene escribe en la introducción de su libro que en los últimos 20 años ha nacido una verdadera ciencia de la lectura, situada en la frontera entre la psicología y la medicina.

Según él, la neurociencia debe ahora tomar una nueva dirección: la cuestión del inconsciente.

31.1.08

Estímulos eléctricos para sanar el Alzheimer

Estímulos eléctricos para sanar el Alzheimer


Un equipo de científicos en Canadá descubrió, por accidente, una forma de mejorar la memoria.
El hallazgo fue hecho durante una operación con una técnica experimental para tratar a un paciente con obesidad mórbida.

El objetivo del tratamiento, llamado estimulación cerebral profunda (DBS en sus siglas en inglés), era suprimir el apetito del individuo.
Pero, en vez de esto, el paciente comenzó a experimentar recuerdos vívidos.
El descubrimiento, dice el estudio publicado en la revista Anales de Neurología, podría conducir a una forma de estimulación eléctrica cerebral para tratar trastornos como la enfermedad de Alzheimer.

"Es un hallazgo muy llamativo" dijo a BBC Ciencia el doctor Melchor Lemp, vicepresidente de la Sociedad de Neurocirugía de Chile y jefe del departamento de Neurología y Neurocirugía del Hospital Clínico de la Universidad de Chile.
"Quizás las líneas de investigación ahora tendrán que encaminarse hacia este campo" agrega el experto.

Estímulos

Según los investigadores del Hospital Toronto Western, "éste es un caso único, totalmente inesperado".
"Pero supimos de inmediato que se trataba de algo importante y estamos muy intrigados en descubrir si esto podría ayudar a los pacientes con trastornos de memoria", afirman los autores.
El equipo de científicos del Hospital Toronto Western intentaban tratar a un hombre de 50 años con obesidad mórbida que sufría diabetes tipo 2 y trastornos de sueño.
El hombre de 190 kilos de peso no había logrado responder a dietas, medicamentos ni ayuda psicológica.

Se había rehusado a someterse a cirugía gástrica por lo que los médicos decidieron tratarlo con DBS, que aunque es una técnica experimental, era su mejor opción.

En pruebas previas con animales se ha demostrado que la DBS tiene un efecto en el apetito.
Pero no ha sido ampliamente probada como tratamiento para la obesidad en humanos.
La técnica sin embargo se ha utilizado con cierto éxito como tratamiento para la enfermedad de Parkinson, dolor crónico, cefálea en racimos e incluso depresión.

"La estimulación cerebral profunda consiste en introducir electrodos muy finos el cerebro"
"Y se trata de localizarlos en la zonas que se piensa pueden influenciar en alguna anormalidad cerebral", agrega.

En el caso de este paciente los electrodos fueron colocados en una zona del sistema límbico llamada hipotálamo, que se cree controla el apetito.
La técnica requiere también instalar bajo el cuero cabelludo un aparato que mantendrá la frecuencia de impulsos eléctricos para estimular los electrodos.

Cuando fueron estimulados en el paciente éste comenzó a experimentar una sensación de déjà vu (algo ya vivido).
Después tuvo una percepción súbita en la que estaba en un parque con amigos.
Se sintió más joven, alrededor de los 20 años, y lo acompañaba la novia que había tenido entonces.

El individuo era un observador y miraba la escena a todo color.
A medida que aumentaba la intensidad del estímulo eléctrico, los detalles de la escena se volvían más vívidos.

Pruebas de memoria

Tras la cirugía el paciente logró recuperarse durante dos meses y cuando se estimularon los electrodos por segunda vez, logró experimentar un efecto similar.
Después de tres semanas de constante estimulación eléctrica el paciente mejoró en las pruebas de memoria que se le habían hecho previamente.

Y un año después nuevamente obtuvo mejores resultados en las pruebas de memoria cuando los electrodos eran estimulados.
Pero cuando los electrodos eran apagados, los resultados de las pruebas no eran tan buenos.
Según los científicos, los resultados sugieren que podría ser posible utilizar DBS directamente para mejorar la memoria.

"Sabemos que las estructuras que llamamos "el circuito de la memoria" pasan muy próximas al hipotálamo" afirma el doctor Melchor Lemp.
"Así que no se puede descartar que por alguna razón las estimulaciones eléctricas hayan abarcado esas áreas vecinas que conforman el circuito límbico, que es fundamental en la memoria", agrega el experto.
"De manera que a lo mejor lograron estimular áreas que conservan lo vivido en los años y que está almacenado pero el paciente no ha logrado recordarlo".

Según el experto, "lo fundamental es que el área donde estén almacenados estos recuerdos esté intacta y a lo mejor será posible recuperar la memoria activando esos circuitos en el cerebro".
Los investigadores están ahora llevado a cabo un estudio piloto para estudiar si la estimulación cerebral profunda puede ayudar a los pacientes con los primeros síntomas de la enfermedad de Alzheimer.

15.1.08

Vitamina C y Accidente Cerebrovascular

La vitamina C podría desempeñar un papel en la prevención del accidente cerebrovascular

Los expertos sospechan que una dieta y estilo de vida saludables son la raíz de la reducción del riesgo

Tener mayores niveles de vitamina C en la sangre podría reducir el riesgo de accidente cerebrovascular, según sugiere una investigación reciente.

Las personas que tienen las concentraciones más altas de vitamina D en la sangre tenían un riesgo de accidente cerebrovascular 42 por ciento menor que las personas que tenían los niveles más bajos, según el estudio, que aparece en la edición de enero de The American Journal of Clinical Nutrition.

Pero eso no significa que tomar dosis gigantes de complementos de vitamina C pueda impedir el accidente cerebrovascular, advirtieron expertos en salud.

"En el estudio mismo, los autores señalaron fuertemente que no podían concluir que la vitamina C disminuye de manera directa el riesgo de accidente cerebrovascular", apuntó el Dr. Keith Siller, director médico del Centro completo de atención del accidente cerebrovascular del Centro médico de la Universidad de Nueva York.

"No necesariamente se trate de la vitamina C en sí. La vitamina C podría ser un marcador de un estilo de vida generalmente sano y los niveles elevados de vitamina C en el plasma probablemente significan que una persona tiene más en cuenta la salud".

El Dr. Mark Levine, jefe de la sección de nutrición molecular y clínica del U.S. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases, estuvo de acuerdo en que la vitamina C por sí misma probablemente no sea responsable de la reducción en el riesgo de accidente cerebrovascular.

"Es sólo una asociación. Podría tratarse de la vitamina C, podría ser la vitamina C más otros nutrientes o podría tratarse de otras cosas que no tienen que ver con la vitamina C. Las personas que consumen muchas frutas y verduras podrían estar comiendo menos comida rápida", especuló Levine, quien también fue coautor de un editorial en la misma edición de la revista.

El mensaje real, afirmó Levine, es que la gente debe comer más frutas y verduras para prevenir el accidente cerebrovascular y otros problemas de salud. "Consumir cinco o más frutas y verduras de todos los colores del arco iris al día", aconsejó.

El nuevo estudio incluyó información de más de 20,000 personas entre los cuarenta y los 79 años de edad del Reino Unido. Los participantes completaron un cuestionario de salud y se analizó una muestra de sangre de cada voluntario del estudio para determinar los niveles de vitamina C.

El tiempo de seguimiento promedio fue de 9.5 años y el en el estudio final participaron casi 200,000 personas-años. Durante ese periodo, 448 de los participantes tuvieron un accidente cerebrovascular.

Tras compensar por otros factores de riesgo como el sexo, los antecedentes de tabaquismo, el índice de masa corporal, la presión arterial, los niveles de colesterol, la diabetes, el consumo de alcohol, la actividad física y los antecedentes de enfermedad cardiaca, los investigadores encontraron que los que tenían los niveles más altos de vitamina C en la sangre tenían un riesgo 42 por ciento menor de accidente cerebrovascular frente a aquellos con los niveles más bajos.

La diferencia en los niveles de vitamina C entre el grupo más alto y el más bajo se traduce en aproximadamente una fruta o verdura adicional al día, según el estudio.

"La potente asociación inversa entre la vitamina C en plasma y el accidente cerebrovascular sugiere que la vitamina C en plasma probablemente sea un buen marcador biológico de cualquier factor causal que afecta el riesgo de accidente cerebrovascular, siendo el más plausible la ingesta diaria de alimentos vegetales", escribieron los autores del estudio.

"Este estudio no probó que la vitamina C cause estos beneficios de manera directa. Podría relacionarse a otra cosa que se haga en la dieta. Simplemente no sabemos cuál es el mecanismo que reduce el riesgo", señaló Siller, quien añadió que "las personas deben continuar con las recomendaciones de la American Dietetic Association de incorporar más frutas y verduras a su dieta. No se apresure a la tienda a comprar complementos de vitamina C".

"Muchísimos estudios muestran una potente asociación entre los que comen frutas y verduras y un beneficio de salud, y ese beneficio proviene de la comida, no de los complementos", añadió Levine.

4.1.08

Querer es Poder



Querer es poder


La impresionante plasticidad del cerebro abre infinitas posibilidades a la transformación humana
Cada persona puede, si quiere, transformarse a sí misma y a su realidad. Es una enseñanza que procede no sólo de la tradición oral (querer es poder), sino del budismo.


Recientes investigaciones científicas corroboran además la validez de esta capacidad humana: somos libres para decidir qué tipo de persona deseamos ser. La piedra filosofal para la transformación es una mezcla de la voluntad, la intención y de la impresionante plasticidad del cerebro. La meditación permite cultivar cualidades nuevas que poco a poco se van incorporando de forma natural a la vida cotidiana.


Cuando era pequeño mi abuela me repetía “querer es poder”. Aquello me ponía furioso porque me daba la impresión de que no comprendía mis dificultades para lograr algunas cosas y que no veía los obstáculos que me encontraba en el camino.
Después de los años y de alguna que otra lectura, he tenido que admitir que aquella dulce mujer que apenas había pisado una escuela, se había, con su rica sabiduría popular, adelantado a las conclusiones de las investigaciones neurocientíficas del nuevo milenio y al mismo tiempo, estaba describiendo los principios básicos de una tradición filosófico-espiritual que ni siquiera sabía que existía, el budismo.


La enseñanza profunda que trataba de transmitirme mi abuela era que cada uno de nosotros puede, si quiere, transformarse a sí mismo y por extensión, su realidad.

Del mismo modo, desde hace siglos los budistas sostienen que tenemos la capacidad de convertir el dolor en sabiduría, la envidia en compasión, la angustia en esperanza; que tenemos en nuestra mano la posibilidad de borrar las heridas del pasado y esculpir un futuro. Podemos aprender a ser felices y plenos.

En los reinos de la ciencia, sin embargo, siempre se había pensado lo contrario. El cerebro, el capitán general de nuestro comportamiento y nuestro sentir, es inamovible, decían. No sólo no se puede cambiar, añadían, sino que a lo largo de la vida vamos perdiendo neuronas que nunca más se vuelven a recuperar.

Fatalidad irreal


Pero los últimos años de investigación neurocientífica demuestran que semejante fatalidad no es real. Más bien todo lo contrario.
Y he ahí que la ciencia demuestra los principios del budismo: con la intención, con la voluntad, con el deseo se cambia lo que antes se consideraba escrito en piedra: la arquitectura cerebral.


Desde hace dos décadas el Dalai Lama se reúne periódicamente con neurocientíficos occidentales con el objetivo de aunar dos aproximaciones con orígenes muy diferentes, pero con el objetivo común de comprender la mente humana, su realidad y los caminos para alcanzar el bienestar. De estos encuentros han salido infinidad de proyectos y datos muy valiosos.


El Dalai Lama ha insistido desde el principio en que la fuerza de la mente puede cambiar el cerebro y con él nuestra manera de vivir y de crear el mundo que nos rodea. Sin embargo, ésta era una hipótesis difícil de aceptar para los científicos.


La reunión de 2004 en Dharamsala (India) entre ciencia y budismo tuvo como tema de discusión la mencionada propuesta de Su Santidad. Parece que los investigadores han tenido que plegarse a las evidencias de los estudios y dar la razón al budismo.

La periodista científica Sharon Begley ha recogido el encuentro en el libro Train your mind, change your brain (Entrena tu mente, cambia tu cerebro), que acaba de publicarse en Estados Unidos, y en él se puede leer la siguiente cita de Michael Merzenich, un neurocientífico de la Universidad de California-San Francisco (EEUU), que testifica el cambio de pensamiento: “cada momento elegimos y esculpimos cómo va a trabajar nuestra siempre cambiante mente, elegimos quién seremos en el momento siguiente”. O dicho de otro modo, somos libres para decidir qué tipo de persona deseamos ser.


La piedra filosofal


La piedra filosofal para la transformación mental es una mezcla del querer es poder, es decir, de la voluntad, la intención o la fuerza de la mente y de la impresionante plasticidad del cerebro. Al igual que el entrenamiento físico fortalece los músculos, el entrenamiento mental modifica los circuitos del cerebro en la dirección que deseamos.


Si uno se empeña y lo desea puede construir y potenciar los circuitos de la felicidad, de la armonía, de la empatía y todo el etcétera que se quiera. Para los budistas el entrenamiento mental por excelencia, la herramienta para cambiar el cerebro y la realidad, es la meditación.


Así, el Dalai Lama habla del arte de la felicidad y cuenta su propio cambio gracias a la meditación. Explica que cuando era joven se enfadaba con mucha frecuencia y sentía rabia. Ahora, tras muchos años de meditación, esas emociones se han esfumado y no es porque pueda controlarlas, sino porque ni siquiera se presentan en su vida.


Pero por supuesto no hace falta ser un monje budista para disfrutar de los efectos transformadores y creativos de la meditación. David Lynch, el siempre sorprendente director de cine, en su libro Catching the big fish (Atrapar el pez grande), explica cómo esa técnica ha influido en su creatividad y en su consciencia: “cuando buceas en tu interior, el auténtico ser está ahí y la verdadera felicidad está ahí. Hay un océano enorme, sin límites, de ella”.


Nuevas cualidades


La meditación permite cultivar cualidades nuevas que poco a poco se van incorporando de forma natural a la vida cotidiana. En un principio hay que tener la voluntad para dirigir la mente hacia el lugar que deseamos y de este modo se comienzan a formar nuevas conexiones cerebrales que son primero caminos y con el tiempo se convierten en autopistas cerebrales para la alegría, la compasión, la empatía…


Para eliminar los pensamientos o emociones negativas no hay que luchar contra ellas sino reemplazarlas por otras positivas. Decir “no a la guerra” es seguir dando protagonismo al conflicto, afirmar “sí a la paz” crea un nuevo circuito y borra la huella de la guerra.


Numerosos experimentos han demostrado que la práctica de la meditación altera la geografía neuronal de modo que se potencia la actividad en áreas relacionadas con las emociones positivas, el bienestar y la felicidad.


“Lo que estamos viendo es que la felicidad no es simplemente un estado, sino que es un producto de habilidades que se pueden mejorar con entrenamiento mental”, afirma Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin-Madison (EEUU), uno de los primeros investigadores en llenar el cráneo de los monjes budistas de electrodos.


Y de nuevo no es necesario ser un monje budista o pasar horas en estado meditativo: se ha visto que incluso las formas más básicas de entrenamiento mental producen efectos positivos. Se puede considerar como si se educara a un niño jugando, pero en este caso el niño es nuestro propio cerebro.

Es lógico que los efectos en el cerebro de los monjes sean mucho más significativos, pero con tan solo una semana de meditación ya se pueden observar cambios en el cerebro de personas que nunca antes habían practicado esta técnica.


La diferencia es que están más activas las áreas asociadas con el bienestar y el pensamiento positivo. Una clave muy importante para la transformación es la observación de uno mismo, ese buceo interior del que habla David Lynch.


Experimento de Schwartz


Un ejemplo clarificador de esta mirada interior es un experimento realizado por Jeffrey Schwartz, neuropsiquiatra de la Universidad de California-Los Ángeles (EEUU), con personas que padecían trastorno obsesivo compulsivo – la patología de las manías como el personaje de Jack Nicholson en Mejor Imposible que no dejaba de lavarse las manos y cada vez estrenaba una pastilla de jabón.

Schwartz, budista y practicante de la meditación, quiso comprobar el potencial terapéutico de ésta. Siguiendo la idea de lo que se conoce como meditación consciente, es decir, observar lo que ocurre en el interior sin juzgar, enseñó a sus pacientes a separarse de su enfermedad; a observar los síntomas con la parte más lúcida de ellos mismos reconociendo que sólo eran manifestaciones de su trastorno.


Una semana de entrenamiento fue suficiente para que los pacientes afirmaran que sentían que la enfermedad había dejado de controlarlos. Pero lo más extraordinario y sorprendente para los científicos fue que las pruebas de imagen cerebral demostraban que sus redes neuronales habían cambiado. La simple educación mental había reducido la actividad en los circuitos cerebrales que causan la enfermedad.


Se han obtenido resultados similares en casos de depresión, pero no hace falta sentirse mal para comenzar a entrenar la mente y modificar nuestras vivencias. De hecho, otro de los principios fascinantes del budismo es que afirma que la realidad exterior es el producto de nuestras proyecciones.


De modo que si se modifica el interior, el resto también cambiará.


La influencia del entorno


Hay quienes aseguran que todos deberíamos hacernos preguntas sobre nuestros conflictos internos a la vista de los que se producen en el mundo. Quizá una de las zonas donde los conflictos son más profundos es en Oriente Próximo. Y precisamente en la Universidad Bar Ilan de Israel, bajo la dirección de Phillip Shaver y Mario Mikulincer, se han llevado a cabo varios experimentos con conclusiones particularmente interesantes para esa zona del planeta.


Un grupo de estudiantes israelíes judíos evaluó a otro grupo de estudiantes. Aunque los examinados eran todos judíos, Shaver y Mikulincer manipularon los datos e hicieron creer a los examinadores que algunos de ellos eran árabes. Como seguramente muchos supondrán, la percepción de los evaluadores fue mucho más negativa cuando pensaban que estaban ante un árabe. Los encontraban impulsivos, vagos, conflictivos… Pero hay esperanza. Cuando los científicos hicieron a los examinadores que recordaran momentos en los que alguien les daba amor, las calificaciones cambiaban radicalmente. Ya no había diferencia alguna en la percepción de judíos y árabes. Los experimentos se repitieron empleando distintos tipos de imágenes mentales, por ejemplo, sentirse rodeado de gente que te ama, te apoya y que está dispuesta a ayudarte y los resultados fueron siempre los mismos.


Conclusión conmovedora


La conclusión es conmovedora y esperanzadora. Los recuerdos de amor, de apoyo, activan circuitos mentales relacionados con la sensación de seguridad emocional, de solidez y de autoestima. Entonces el mundo y las personas que nos rodean se ven a través de ese cristal y lo que se percibe es tolerancia, comprensión, apertura y empatía. Cuando el mundo interior está en paz y armonía, el mundo exterior se contagia de esa paz y armonía. Y aquí es donde volvemos a encontrarnos con el budismo.


Una de las formas principales de meditación está orientada a la compasión y su objetivo es entrenar la mente para alcanzar una profunda empatía por todos los seres vivos. Entre las técnicas que los budistas emplean para potenciar la compasión está revivir el amor de la madre. Continuando con los cuidados maternos, llegamos a la parte más extraordinaria del asunto. Con el “querer” se puede incluso doblegar la genética, burlar el supuesto determinismo del ADN. Los cambios que incorporamos a nuestro comportamiento a base de cultivar lo mejor de nosotros mismos se transmiten a las generaciones futuras igual que ocurre con el color de los ojos o de la piel. La ciencia lo ha constatado con animales de laboratorio en los que es posible hacer un estudio tan complejo.


Amor maternal recuperado


Los trabajos de Michael Meaney de la McGill Universitiy en Montreal (Canadá) han demostrado que ratas nacidas de madres poco amorosas repetían el comportamiento de sus progenitoras con sus propias crías. Sin embargo, cuando las hijas de las descuidadas madres eran criadas por otras cariñosas y solícitas dejaban de lado la genética y se volvían como sus progenitoras adoptivas.


En la siguiente generación, aquellas que estaban abocadas por sus genes a no ocuparse de sus vástagos dieron un golpe de timón y cambiaron el curso de su descendencia. Si algo así se puede lograr con sólo el instinto animal, imaginemos hasta dónde se puede llegar con la voluntad consciente. Definitivamente “querer es poder”.

26.11.07

Los animales actúan con un Cerebro Colectivo



Los grupos animales actúan con un cerebro colectivo


Leyes simples les permiten moverse como si formaran parte de un único organismo
Los enjambres de insectos y los grupos de animales, que actúan en conjunto de una manera sorprendentemente coordinada, forman con su comportamiento una especie de cerebro colectivo, una inteligencia de grupo, que es la causa de todas estas actitudes. Lo han descubierto científicos británicos y norteamericanos mediante modelos informáticos aplicados a diversas especies, estableciendo que son leyes simples las que permiten a dichas agrupaciones tomar decisiones y moverse como si formaran parte de un único organismo. Conocer las características de estos comportamientos resulta de gran utilidad, dado que conllevan un alto nivel de evolución en la convivencia, y podría servir para el desarrollo de aplicaciones en diversos campos, como la robótica.



Los grupos de animales demuestran a menudo un comportamiento colectivo muy complejo y sorprendentemente coordinado, que resulta de las interacciones sociales entre los individuos que los forman.


Ya en 1905, el ornitólogo Edmund Selous, meticuloso observador del comportamiento de los pájaros, se dio cuenta de que alguna suerte de conexión entre las mentes individuales de los animales, y de transferencia de pensamiento entre ellos, debía subyacer a este comportamiento colectivo acorde. Diversos científicos de universidades de Estados Unidos e Inglaterra han estudiado a fondo los enjambres de algunos insectos y los grupos de animales, descubriendo que, efectivamente, estos colectivos responden a leyes subyacentes, en las que la química y la voluntad de cada individuo juegan un papel en el desarrollo de las actividades de la comunidad.


Es el caso de Ian D. Couzin, de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos y de Nigel Franks, de la Universidad británica de Bristol.


Cerebro colectivo

Los trabajos de Couzin a este respecto han resultado reveladores. Tal y como publica The New York Times, este científico ha pasado mucho tiempo observando, en Panamá, a las llamadas hormigas devastadoras, una especie que trabaja en comunidad realizando proezas como la de construir puentes con sus propios cuerpos para pasar por lugares hundidos en el suelo, por ejemplo. Según Couzin, la principal razón del desarrollo de esta colaboración tan avanzada se debe a que algunos animales han pasado mucho tiempo adaptándose a vivir en grandes grupos.


El estudio de otras agrupaciones –de pájaros, peces o langostas- ha llevado a Couzin y a sus colegas a descubrir leyes simples que permiten a dichas agrupaciones trabajar muy bien en conjunto.

De esta forma, los grupos llegan a formar un “cerebro colectivo” capaz de tomar decisiones y moverse como si de un único organismo se tratara. A este respecto, Couzin ha publicado recientemente un artículo en la revista Nature. Leyes naturales y computacionales Sin embargo, descifrar dichas leyes supone un gran desafío. Para conseguirlo, Couzin ha desarrollado diversos modelos informáticos de enjambres virtuales.


Cada uno de ellos contiene miles de agentes individuales, que pueden programarse para seguir varias reglas sencillas.
Para determinarlas, Couzin y su equipo observaron el comportamiento de animales en selvas, desiertos y océanos.

En Panamá, por ejemplo, Couzin y Franks filmaron a las hormigas devastadoras para posteriormente analizar en laboratorio, paso a paso, el movimiento de 226 individuos. Así, descubrieron que los modelos informáticos podían predecir sus comportamientos, cuyo objetivo principal es avanzar tan rápido como sea posible.


Por ejemplo, descubrieron que las hormigas devastadoras no se comportaban de igual forma cuando se alejaban del nido que cuando volvían a él: al salir avanzaban formando dos sendas que rodeaban a una senda central, por la que regresaban al nido otras hormigas. De esta forma tan inteligente, las hormigas esquivan el desarrollo de atascos.

Toma de decisiones


Por otro lado, Couzin y sus colaboradores han construido un modelo informático que refleja el flujo de información que se da en los enjambres. Cada individuo debe equilibrar dos instintos: el de permanencia en el grupo y el de moverse en la dirección deseada.


En realidad, lo que sucede es que sólo unos pocos líderes son capaces de guiar de manera efectiva a los enjambres. Para ello, no necesitan enviar ninguna señal especial a los animales que les rodean, sino que crean una tendencia en el movimiento del grupo que lo dirige hacia una dirección particular.

En el modelo desarrollado por Couzin, el enjambre es capaz de decidir a qué líder deben seguir. En la Naturaleza ocurriría algo similar: si los líderes tienden a direcciones opuestas, el grupo espontáneamente alcanza el consenso y se mueve eligiendo la dirección de la mayoría. Couzin ha extendido sus modelos informáticos de estudio de las hormigas a otros animales, como peces y pájaros, y ha desarrollado programas que consiguen que los ordenadores realicen el mismo trabajo que harían los animales en realidad.


Entender el porqué

Y, a medida que ha ido investigando los patrones de comportamiento grupal en distintas especies, ha ido encontrando mayor similitud en éstos, es decir, que comparten características fundamentales comunes. La fusión de diferentes ramas de la ciencia ha servido, por tanto, para comprender mejor el comportamiento animal en grupo.

Pero, aunque se comprenda el cómo, entender el por qué es una cuestión aparte. Las razones del desarrollo del trabajo en grupos radicarían principalmente, según los científicos, en que de éste se obtiene un beneficio evolutivo, normalmente nutricional. Los grupos de animales, señalan los investigadores, funcionan como una unidad, toman decisiones sobre dónde ir, y también sobre cómo huir juntos de los depredadores.


Según Couzin, existe una inteligencia del grupo, que sería la causa de todas estas actitudes.


También en humanos y en robots

El profesor Couzin y sus colaboradores han descrito la aplicación de estos modelos a experimentos realizados con humanos en un artículo publicado por la revista especializada Animal Behavior.

En este artículo se explica que también en los grupos formados por personas una pequeña minoría informada es capaz de guiar a otros individuos hacia un objetivo sin necesidad de comunicación verbal o por señales específicas.


Los resultados del experimento sugirieron que la posición especial inicial de los participantes informados influenciaba el movimiento del grupo, lo que podría tener implicaciones en el control de masas o en la planificación de evacuaciones en caso de emergencia.


Por último, lo aprendido de los animales se quiere aplicar a la robótica, para la programación de agrupaciones de robots, de manera que éstos puedan realizar con mayor eficiencia labores de recogida de información en lugares peligrosos.

19.6.07

Los flavonoides protegen la función cerebral


Los flavonoides protegen la función cerebral.


NUEVA YORK - Las personas que consumen gran cantidad de flavonoides se estarían protegiendo de la pérdida de función cerebral que se produce durante el envejecimiento, sugirió un nuevo estudio efectuado en Francia.


Los flavonoides son poderosos antioxidantes presentes en alimentos derivados de plantas, como el vino tinto y el té, o las zanahorias.


Entre 1.640 hombres y mujeres sanos de 65 años o más, el equipo dirigido por el doctor Luc Letenneur, de INSERM en Bordeaux, halló que aquellos con el mayor consumo de flavonoides registraron una reducción más lenta de la función cerebral, durante un período de 10 años, que los participantes con el consumo más bajo de esos antioxidantes.


Esos participantes también mostraron un mejor rendimiento en las pruebas de función mental al inicio del estudio.
Según el equipo, es posible que el alto consumo de flavonoides sea indicador de un patrón alimentario protector del cerebro, ya que las personas que ingieren gran cantidad de flavonoides también comen más frutas y verduras.
Independientemente, "para mantenerse sanos es mejor comer alimentos variados, aumentar el consumo de frutas y verduras (aportan muchos nutrientes importantes, como vitaminas, fibras y antioxidantes), que consumir suplementos vitamínicos", dijo Letenneur.


Llevar ese estilo de alimentación reduce el riesgo de tener enfermedad cardíaca y cáncer, como así también disminuye el deterioro de la capacidad mental, agregó.
"Estamos lejos de conocer cuáles son las moléculas protectoras, pero ya sabemos que las personas que consumen frutas y verduras tienen menos riesgo de desarrollar esas enfermedades", dijo Letenneur.


El daño oxidativo está presente en el Alzheimer y el deterioro cognitivo, aunque estudios sobre el consumo de vitaminas antioxidantes y el riesgo de demencia obtuvieron resultados mixtos, señaló el equipo en American Journal of Epidemiology.


Para conocer si los flavonoides influyen en la función cognitiva, los investigadores estudiaron a 1.640 adultos mayores sin demencia durante 10 años, quienes al inicio del estudio aportaron datos sobre su alimentación.
Los hombres y las mujeres que ingerían la mayor cantidad de flavonoides tuvieron un rendimiento significativamente superior al inicio del estudio, aún después de que los autores tuvieran en cuenta la influencia del sexo, el nivel educativo y la edad.
Aquellos en la mitad superior del ranking de consumo de flavonoides mostraron una mayor evolución cognitiva en el tiempo.


Por ejemplo, después de 10 años, los participantes ubicados en el cuarto inferior del ranking de consumo de flavonoides perdieron 2,1 puntos en la prueba de función cognitiva (Mini Examen del Estado Mental) contra 1,2 puntos entre los integrantes del cuarto superior del ranking.
Esa asociación permaneció tras considerar otros factores, como el consumo de frutas y verduras, la cantidad de calorías ingeridas y el tabaquismo.



FUENTE: American Journal of Epidemiology, 15 de junio del 2007

3.5.07

Logran revertir pérdida de memoria


Logran revertir pérdida de memoria


El estímulo mental y los tratamientos con fármacos podrían ayudar a la gente que sufre enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer.


Esperanza para pacientes con degeneración neuronal avanzada.


Ésa es el conclusión de un estudio estadounidense llevado a cabo con ratones.
Los científicos lograron que los animales, que sufrían un trastorno similar a Alzheimer, recuperaran la memoria de tareas que se les habían enseñado previamente.



Los investigadores del Instituto Médico Howard Hughes, del Instituto de Tecnología de Massachussets, descubrieron que tanto la estimulación cerebral como los fármacos funcionaban para ese propósito.


El estudio, publicado en la revista Nature sugiere que ambos mecanismos son formas prometedoras de tratar la pérdida de memoria y el déficit de aprendizaje, provocados por enfermedades cerebrales degenerativas.
Los investigadores también afirman que el término "pérdida de memoria" no es una descripción acertada del tipo de déficit mental asociado a estas enfermedades.



Otros expertos advierten sin embargo, que los resultados son muy preliminares, como dijo el doctor Luis Ignacio Brusco, director del Centro de Alzheimer de la Universidad de Buenos Aires.
"No se puede reproducir la enfermedad de Alzheimer -tal como afecta a los humanos- en animales", afirma el experto.


"De cualquier forma es un estudio muy interesante porque demuestra que la estimulación cognitiva mejora la función neuronal y también demuestra que es posible la reproducción neuronal", señala el especialista.



Estímulos
Los investigadores utilizaron ratones genéticamente modificados en los que se "activó" una proteína relacionada a las enfermedades neurodegenerativas.

El estudio encontró que la memoria no se pierde, se vuelve inaccesible.


Previamente se había entrenado a los animales a evitar una descarga eléctrica y a encontrar el camino que los condujera al alimento en un laberinto.
Después de seis semanas de padecer la enfermedad degenerativa, los ratones ya no fueron capaces de recordar cómo realizar esas tareas.
Algunos de los animales fueron colocados en un ambiente en el que se les estimuló con juguetes, ruedas para ejercicio y otros ratones.
Estos "pacientes" fueron capaces de recordar la prueba de la descarga eléctrica mucho mejor que los ratones en otras jaulas sin estímulos.
También lograron aprender nuevas tareas.



Posteriormente los científicos probaron en los ratones una clase de medicamentos llamados inhibidores de histona deacetilasas o HDAC.
Descubrieron que los fármacos lograban mejorar la memoria y el aprendizaje de forma similar a las mejoras logradas en el ambiente de estimulación mental.



Prometedor


Según los investigadores los resultados podrían ser particularmente importantes para los pacientes que sufren enfermedad neurodegenerativa avanzada.
El estudio es un primer paso importante para entender la reserva cognitiva en pacientes con Alzheimer y la forma como el medio ambiente puede producir modificaciones neuronales
Dr. Luis Ignacio Brusco


La mayoría de los tratamientos actuales, explican, parecen estar concebidos para tratar las primeras etapas de la enfermedad.
Sin embargo, el estudio demostró que aún con ratones que mostraban pérdida importante de neuronas, es posible mejorar el aprendizaje y la memoria.



Según los investigadores, el hecho de que los animales lograran recuperar la memoria a largo plazo, como la prueba de la descarga eléctrica, es un descubrimiento "extraordinario".
Esto sugiere, afirman los científicos, que en trastornos como Alzheimer la memoria no se borra, sino se vuelve inaccesible debido a la enfermedad, y por lo tanto puede ser recuperada.



El doctor Brusco afirma sin embargo, que todavía faltan muchas investigaciones para saber si estos resultados pueden aplicarse al ser humano.
"Lo que se generó con el modelo animal de este estudio fue sólo parte de la patología de la enfermedad", afirma el experto.



"Fundamentalmente porque el Alzheimer afecta en áreas de asociación en el cerebro que no existen en el animal".
"Pero el estudio es un primer paso importante para entender la reserva cognitiva en pacientes con Alzheimer y la forma como el medio ambiente puede producir modificaciones neuronales".

Los investigadores planean ahora estudiar los mecanismos por los cuales un ambiente estimulante conduce a la mejora del aprendizaje y la memoria.


Comentario:


Estas investigaciones están absolutamente en línea con la Teoría de las Inteligencias Múltiples y otras similares que apuntan a una estimulación rica y en forma cotidiana del cerebro y sus capacidades cognitivas.

Por otra parte esta investigación vuelve a marcar que la memoria no se pierde, sino que lo que decae es la capacidad de accesarla. Esto se ajusta tambien a los nuevos parámetros sobre los recursos casi ilimitados de nuestro cerebro. En definitiva, un genio no sería ni más ni menos que alguien con mayor capacidad de acceso a sus recursos neuronales.


Está demostrado que previene las enfermedades neurodegenerativas y este último estudio demuestra que incluso sirve para su tratamiento.


Los estímulos cerebrales promueven la creación de nuevas neuronas y mejoran los enlaces con los recursos internos.


O sea, el viejo y querido adagio:"La función hace al órgano".

19.4.07

Las Neuronas Espejo, base de nuestra visión del mundo


Las Neuronas Espejo, base de nuestra visión del mundo


Descubren cómo la red neural refleja el mundo, la autoimagen y la mente de los demás
La neurociencia ofrece un conocimiento de los procesos neurales que producen la actividad psíquica que “soporta” el comportamiento, no sólo animal sino también humano. La idea filosófica del hombre, y por tanto también la humanista y religiosa, no puede hoy ignorar la idea neural del hombre. Sin embargo, la imagen de la neurología clásica recibe hoy una nueva luz tras el descubrimiento de las “neuronas espejo”, que son el mecanismo esencial para comprender las intenciones de otros, para desarrollar una teoría de la mente y, por ende, para capacitarnos para la vida social. Las neuronas espejo aportan nueva luz para entender cómo la red neuronal “refleja” el mundo, la autoimagen y la imagen de la mente de los otros en la producción evolutiva de un comportamiento social.

La actividad psíquica es el fundamento que permite la realización del hombre como persona. Las sensaciones y percepciones, la conciencia, el conocimiento, la memoria, las emociones, el lenguaje, la autoimagen y nuestra condición de sujetos psíquicos, el pensamiento, los planes de acción y el sentido de la vida, la identidad personal y social, todo lo que somos como personas, nuestra vida y comportamiento, dependen de las redes neurales: del sistema de los sentidos y de los diferentes módulos cerebrales, del cerebro antiguo y moderno, que actuando como sistema integrado, holístico, producen todas las funciones psíquicas.


Hoy en día el descubrimiento de las llamadas “neuronas espejo” constituye un factor importante que permitirá aportar nueva luz para entender cómo la red neuronal “refleja” el mundo, la autoimagen y la imagen de la mente de los otros en la producción evolutiva de un comportamiento social.


Investigación en alza


La investigación sobre los correlatos neurales de las conductas y de las emociones es un campo de investigación en alza, que se acerca también al campo de la neurociencia cognitiva social. De hecho, R. Adolphs considera que la neurociencia ofrece una vía de conciliación entre las aproximaciones biológicas y psicológicas al comportamiento social.


La cognición social, desde esta perspectiva neurocientífica, se define como la capacidad para construir representaciones de las relaciones entre uno mismo y los otros, y para usar estas representaciones de modo flexible para guiar el comportamiento social. Apunta no sólo a los elementos “racionales” sino también, y de modo creciente, a las emociones, a las formas de percepción de las normas sociales –por ejemplo, se estudia la capacidad de reconocimiento de expresiones faciales-, también estudia la teoría de la mente (mentalización) como clave de la interacción social.


La teoría de la mente (ToM, theory of mind) o “mentalización” se refiere a los correlatos neurales de la capacidad de explicar y predecir el comportamiento de otras personas, atribuyéndoles estados mentales independientes. Los estudios de neuroimagen han ido mostrando la existencia de un sistema neural distribuido que subyace a ToM. Dicho sistema implica varias áreas cerebrales: principalmente el surco temporal superior –que sería responsable de la detección del agente que actúa y de los estímulos provenientes del movimiento biológico de otra persona-, los polos temporales –que están asociados con procesos mnemónicos, aportando un contexto semántico y episódico a los estímulos que se están procesando- y la corteza prefrontal medial –que analiza los estímulos y produce una representación de los estados mentales propios y ajenos-.


De modo menos importante también parecen estar implicadas la amígdala y la corteza órbitofrontal. No obstante, las investigaciones relacionadas con las llamadas neuronas espejo (MNS, mirror neuron system) van aportando, día a día, nuevos datos que obligan a revisar y ampliar estas descripciones. Las neuronas espejo son un tipo especial de neuronas que se activan cuando un individuo realiza una acción y también cuando observa una acción similar llevada a cabo por otro individuo.


Proyección filosófica de la neurociencia


Todas estas investigaciones neurocientíficas dan lugar a otro frente de reflexión de enorme importancia por sus implicaciones filosóficas: cómo se alteran conceptos tales como la voluntad, la libertad o la identidad, al encontrar los sustratos neurales de nuestras conductas e incluso de nuestros pensamientos.


Esta cuestión remite a la clásica discusión sobre mente-cerebro, si bien con un planteamiento basado en las neurociencias, que aporta una luz novedosa y que nos obliga a matizar muchas afirmaciones hechas en el pasado. El riesgo de un cierto determinismo reduccionista en la explicación del ser humano, por un excesivo apego a los datos científicos, está en la mente de muchos. Será necesario, y cada vez más, analizar las implicaciones que tiene el hecho de que la neuroimagen, más que cualquier otra técnica de investigación cerebral, indique, como afirma M.J. Farah, que «importantes aspectos de nuestra individualidad, incluyendo algunos de los rasgos psicológicos que nos importan a la mayoría como personas, tienen correlatos físicos en la función cerebral.»


Esto tiene que ver, por ejemplo, con la investigación sobre los correlatos neurales de la conciencia, o con la más polémica relación entre experiencia religiosa y cerebro, establecida a partir de los estudios con pacientes que padecían epilepsia del lóbulo temporal, y que en ocasiones mostraban intensos sentimientos religiosos durante las crisis. Las neuronas espejo Somos criaturas sociales. Nuestra supervivencia depende de entender las acciones, intenciones y emociones de los demás. Las neuronas espejo nos permiten entender la mente de los demás, no sólo a través de un razonamiento conceptual sino mediante la simulación directa. Sintiendo, no pensando. G. Rizzolatti. Hasta hace poco tiempo, la atribución de significado a las acciones observadas en otros individuos se explicaba a partir de complejos mecanismos relacionados con la memoria, las experiencias previas y los procesos de razonamiento. Sin embargo, con el descubrimiento de las denominadas “neuronas espejo”, es posible explicar de un modo más sencillo esa situación tan habitual para todos de comprender inmediatamente lo que otro individuo está haciendo. Entender las acciones y las intenciones es una tarea que, aunque en ocasiones requiera de procesos más elaborados, se realiza de modo más directo y simple por medio de las neuronas espejo.


Estas neuronas fueron descubiertas por el equipo de G. Rizzolatti en la década de los años noventa del siglo XX. Observaron cómo ciertas neuronas del cerebro del mono (macaco) se activaban no sólo cuando el individuo realizaba acciones motoras dirigidas a una meta, sino, sorprendentemente, también cuando dicho individuo meramente observaba cómo alguien (otro mono, o un humano) realizaba la misma acción. En la medida en que este conjunto de células parecía “reflejar” las acciones de otro en el cerebro del observador, recibieron el nombre de neuronas espejo. Este descubrimiento que, como en tantas ocasiones en la historia de la ciencia, fue por azar, se ratificó posteriormente con experimentos específicamente diseñados para observar si las neuronas espejo se activaban ante la observación de acciones (y no sólo durante su ejecución), y si estaban implicadas en la comprensión de las acciones (activándose cuando el mono no podía ver la acción realmente, pero tenía suficientes datos para producir una representación mental de la misma, es decir, cuando podía imaginarla).


Neuronas espejo en el cerebro humano


La confirmación de esta actividad de las neuronas espejo llevó a preguntarse si este mismo sistema existía también en los seres humanos, lo cual se ha demostrado a partir de numerosos experimentos en los que han sido de incalculable ayuda las técnicas de neuroimagen. Los conjuntos de neuronas espejo parecen codificar plantillas para acciones específicas, lo cual permite a un individuo no sólo llevar a cabo acciones motoras sin pensar en ellas, sino también comprender las acciones observadas, sin necesidad de razonamiento alguno. Dicho de modo más sencillo: si hasta ahora considerábamos que el movimiento, por ejemplo de una mano, era el resultado de un proceso mental en el que, analizadas por el cerebro las percepciones y datos sensoriales, se emitía una respuesta adecuada (que, en el caso de acciones intencionales complejas, requeriría de unas capacidades cognitivas realizadas por regiones especializadas para ello), y que la zona motora del cerebro era la encargada de ejecutar dicha respuesta en forma de movimiento, ahora parece ser que el sistema motor es mucho más complejo, y puede ser el sustrato neural de procesos atribuidos al sistema cognitivo. Esto tiene dos importantes consecuencias: por una parte, obliga a revisar lo que hasta este momento se ha venido afirmando respecto a las regiones motoras del cerebro (el sistema motor no puede ser ya concebido como un mero “ejecutor pasivo” de órdenes emitidas por otra región cerebral, parece tratarse más bien de un complejo entramado de zonas corticales diferenciadas, capaces de realizar las funciones sensoriomotoras que parecerían propias de un sistema cognitivo superior) y por otro lado, supone un importante reto para nuestras convicciones filosóficas acerca de la importancia de la comprensión consciente de los actos humanos. La importancia de estos descubrimientos es de tal categoría que un prestigioso investigador como V.S. Ramachandran no tiene ningún reparo en afirmar que «las neuronas espejo harán por la psicología lo que el ADN hizo por la biología: proporcionarán un marco unificador y ayudarán a explicar una multitud de capacidades mentales que hasta ahora han permanecido misteriosas e inaccesibles a los experimentos».


Y, por cierto, el mismo autor afirma que no se ha divulgado suficientemente este enorme salto científico, y que esta frase suya tan llamativa sobre la relevancia de las neuronas espejo ¡es más famosa que el descubrimiento de Rizzolatti y otros investigadores!. Comprender a los otros Las investigaciones de G. Rizzolatti, V. Gallasse, M. Iacoboni, L.M. Oberman, V.S. Ramachandran y otros muchos permiten afirmar que existe un vínculo entre la organización motora de las acciones intencionales y la capacidad de comprender las intenciones de otros.


Esto supone la disolución de la barrera entre uno mismo y los otros, y es fácil comprender la ventaja que implica desde el punto de vista de la supervivencia. La comprensión de las intenciones y las emociones de otros es esencial para la vida social y el fundamento de los comportamientos morales. Ramachandran llama a las neuronas espejo “neuronas de la empatía” por ser las implicadas en la comprensión de las emociones de los otros. De algún modo, si la observación de una acción llevada a cabo por otro individuo activa las neuronas que permitirían al observador realizar la misma acción, estaríamos ante una suerte de “lectura de la mente”. Las neuronas espejo del observador actúan como un sistema que permite la comprensión de las acciones y por tanto la empatía, la imitación, y la teoría de la mente. Incluso se ha sugerido que el sistema de neuronas espejo sería el mecanismo neural básico para el desarrollo del lenguaje. Rasgos todos ellos de capacidades relevantes para la hominización, desde un punto de vista evolutivo. Un elemento esencial de todas estas hipótesis radica en la introducción de la intención en la comprensión de la acción.


Los primeros estudios planteaban la función de las neuronas espejo para entender la acción (el “qué” de la acción), sin embargo, lo más interesante está en la comprensión de la intención de dicha acción (el “por qué”) sin la cual no sería más que un mero reflejo, como el nombre venía a indicar (neuronas espejo). Determinar por qué se ejecuta una acción es básico para su comprensión real, y tiene que ver con detectar la meta u objetivo de dicha acción. Para estudiar este tipo de cuestiones se han llevado a cabo estudios con resonancia magnética funcional, analizando las respuestas de los observadores a acciones con y sin contexto que les diera sentido. Mecanismo de simulación incorporado Los resultados muestran la activación de ciertos grupos de neuronas sólo cuando los actos motores se incrustan en acciones que tienden a una meta. V. Gallese habla de un “mecanismo de simulación incorporado” cuya activación da lugar a la adscripción de intenciones, proceso que se daría siempre por defecto. La predicción de la acción y la adscripción de intenciones serían así fenómenos relacionados, con un mismo mecanismo funcional (la simulación incorporada).


Cada investigador utiliza terminología diferente, lo cual complica un tanto la comprensión de estos estudios. Sin embargo, hay un acuerdo bastante generalizado acerca de que la comprensión de las acciones humanas tiene que ver con la capacidad de simular las acciones observadas en otros (es decir, que el observador represente los estados internos de otros individuos con su propio sistema motor, cognitivo y emocional). Esta simulación posibilita una comprensión de los otros humanos que permite percibirlos como semejantes, una “multiplicidad compartida de intersubjetividad” como lo llama V. Gallese, esto es, permite la atribución de una mente. La atribución de pensamientos e intenciones a otros, lo que se denomina teoría de la mente, ha sido objeto de estudio conforme a dos hipótesis en pugna: (1) la teoría-teoría, que, apoyándose en estudios de comportamiento, propone que los individuos desarrollan una ToM en los primeros años de vida probando reglas dadas relativas a las funciones de los objetos y organismos con los que interactúan, y generando cognitivamente una teoría acerca de lo que los otros piensan. (2) Y la teoría de la simulación que, como se ha señalado, propone que la ToM es un desarrollo de la capacidad de interpretar las acciones de otros a través de la simulación (o representación). Esta segunda hipótesis parece más sólida, en la medida en que los estudios van mostrando que las neuronas espejo están implicadas en esta comprensión de las intenciones, en la imitación, en la empatía, y, por tanto, son la clave del comportamiento social de los individuos.

Autismo y neuronas espejo

Buena parte de las investigaciones afirman, en la misma línea, que una deficiencia en ToM y en la capacidad de empatía sería la explicación más plausible para el autismo. Hace tiempo que se sabe que existe un componente del electroencefalograma (EEG), la onda mu, que se bloquea cuando una persona hace un movimiento muscular voluntario. Este componente también se bloquea cuando una persona ve a alguien realizar la misma acción, lo cual ha dado lugar a que Ramachandran y Altschuler sugieran que la supresión de la onda mu serviría para disponer de una prueba sencilla y no invasiva para monitorizar la actividad de las neuronas espejo. En los niños con autismo se observa que la supresión de la onda mu sí se produce cuando realizan un movimiento voluntario, pero no cuando observan a alguien realizar la acción, de lo cual se deduce que el sistema motor está intacto, pero no así el sistema de neuronas espejo. Estos hallazgos se han comprobado también con otras técnicas como la magnetoencefalografía, la resonancia magnética funcional o la estimulación magnética transcraneal. En todos los casos se muestra que en el autismo existe una disfunción de las neuronas espejo. Esto explicaría la mayoría de los síntomas del trastorno autista: falta de habilidades sociales, ausencia de empatía, déficits de lenguaje, imitación pobre, dificultad para comprender las metáforas, etc. Todo esto nos hace pensar que las neuronas espejo son el mecanismo esencial para comprender las intenciones de otros, para desarrollar una teoría de la mente y, por ende, para capacitarnos para la vida social. Como indicaba V.S. Ramachandran, las neuronas espejo suponen la disolución de la barrera entre yo y los otros. La capacidad de adoptar el punto de vista de otro supone, entre otras cosas, la posibilidad de una imitación intencional y, por tanto, de un aprendizaje basado en la imitación. Este elemento tiene importantes consecuencias desde el punto de vista evolutivo, lo cual, además, según este autor, permite afirmar que el sistema de las neuronas espejo marca un antes y un después en el debate entre naturaleza y cultura. La naturaleza humana depende de modo crucial de la capacidad de aprendizaje facilitada, al menos parcialmente, por este sistema. Gracias a él el cerebro humano se especializó para la cultura y se convirtió en el órgano por excelencia de la diversidad cultural. O, lo que es lo mismo, es lo que nos permite ser esencialmente humanos. Incluso el rasgo que constituye la quintaesencia de lo humano, nuestra propensión a la metáfora, puede estar basada parcialmente en la clase de cruces de dominios de abstracción que median las neuronas espejo; (…) Esto explicaría por qué cualquier mono podría alcanzar el cacahuete, pero sólo un humano, con un sistema de neuronas espejo adecuadamente desarrollado, puede alcanzar las estrellas. (V.S. Ramachandran).